• 809-689-7907, 809-682-4968 y 809-221-3503

Monthly ArchiveApril 2019

Virgilio Gautreaux Piñeyro especifica el impacto de la “fiebre española” en el país en 1918.

Fuente: Periódico Diario Libre
Fecha: 30 de Marzo de 2019.

El investigador y economista Virgilio Gautreaux Piñeyro expresó que la “fiebre española”, pandemia que azotó al mundo, encontró a la República Dominicana con un sistema sanitario endeble, con centros hospitalarios ineficientes, contaminantes y sin medicamentos, para enfrentar emergencias de cualquier naturaleza.

Al dictar la conferencia titulada “La pandemia de la gripe española de 1918 y su impacto en la República Dominicana”, en una sesión organizada por la Academia Dominicana de la Historia, explicó que entonces prevalecían débiles normativas de salud, falta de recursos para aplicarlas y ausencia de penalidades a violadores de las pocas disposiciones vigentes.

Recordó que Gerardo M. Ellis Cambiaso, en su tesis universitaria sobre la situación de la higiene en la ciudad de Santo Domingo, escrita en 1912, destacaba la existencia de hospitales casi inservibles, con pésimo manejo de los pacientes.

Aseguró que según Ellis Cambiaso la inadecuada disposición de los desechos y la mezcla de ropa contaminada de los internos eran catastróficas.

“Veía como grave la colocación de enfermos con diferentes patologías en una misma habitación o compartiendo una cama. Tuberculosos y leprosos pululaban por doquier, con deficiente aislamiento. Cuarteles militares y cárceles eran focos de enfermedades contagiosas. Asimismo, la sanidad del mercado público era un desastre, al igual que el matadero municipal. La falta de un acueducto contribuía a poca higiene en los hogares”, dijo.

Igualmente, indicó, citando a Ellis Cambiaso, que la materia fecal acumulada por siglos en el subsuelo de la ciudad contaminaba las aguas subterráneas, que muchos -mediante pozos- utilizaban en sus quehaceres domésticos. “Ellis afirmaba con preocupación, que el ‘suelo de nuestra capital está completamente saturado de excrementos’”, dijo.

Recordó que Estados Unidos ocupó militarmente el país, del 1916 al 1924 y que el militar jefe superior de Sanidad en un informe evaluó crudamente el precario servicio sanitario, lo que sirvió de base para la promulgación de la Orden Ejecutiva No 196 del 9 de agosto de 1918, que creó la Junta Superior de Sanidad, encabezada por un oficial del cuerpo médico estadounidense.

Aseguró que a la llegada del virus a la nación, Estados Unidos controlaba el movimiento migratorio de extranjeros y monopolizaba el trasiego fronterizo de braceros desde Haití y de otras islas del caribe.

“EUA manejaba todo el sistema sanitario nacional, pero esto no impidió la expansión de esta mortal pandemia en la República Dominicana. Correspondió a muchos médicos dominicanos y al personal auxiliar, soportar el peso de la enfermedad, cayendo varios enfermos, algunos de los cuales fallecieron, como ocurrió en Puerto Plata”, afirmó.

Dijo que ante la inminencia de llegada de la mortal gripe se impusieron controles a mercancías y personas originarias de otras naciones y se aplicaron cuarentenas de acuerdo a las leyes vigentes.

“Se dispusieron medidas similares a Haití, sin embargo, la continua llegada de contingentes de braceros haitianos e isleños, así como el movimiento de soldados invasores entre ambas naciones, terminaron trayendo la enfermedad a la República Dominicana, primeramente, por los puntos terrestres de entrada de braceros haitianos, particularmente Dajabón, Las Lajas y Elías Piña”, agregó.

Dijo que posteriormente la enfermedad llegó por Barahona, Azua, Puerto Plata, Montecristi y el puerto de Santo Domingo.

“Previo a 1918 existía un importante trasiego informal de braceros haitianos hacia los centrales azucareros. Personeros al servicio de los ingenios ingresaban en Haití trayendo trabajadores hacia las zonas cañeras de República Dominicana”, manifestó.

Amadeo Julián, Virgilio Gautreaux Piñeyro, Mu Kien Sang Ben y José del Castillo.
Amadeo Julián, Virgilio Gautreaux Piñeyro, Mu Kien Sang Ben y José del Castillo. ( )
Efectos en la economía

Gautreaux Piñeyro afirmó que el 66% de la población santiaguera había sido contagiada por la enfermedad, de la cual había fallecido el 2%, y que la primera víctima mortal se produjo el 21 de diciembre.

Informó que periódico El Diario publicó una relación de muertes en Santiago, del 6 al 20 de enero de 1919, citando 214 fallecimientos durante esos 15 días, lo que arrojó un balance de 14 defunciones diarias.

Agregó que el rotativo señalaba que del 1 al 16 de enero fueron enterradas en Villa González 24 personas y en Navarrete otras 14 y que en Gurabo del 1 al 17 de enero fueron sepultadas 18 víctimas.

“Las actividades azucareras se vieron también limitadas por la falta de obreros de factoría y de campo que no acudían a trabajar por culpa de la epidemia. En las memorias del 1918 del Ferrocarril Central Dominicano se informa que sus actividades operativas y financieras fueron afectadas por los ataques de la epidemia, que contrajeron significativamente los ingresos, por la caída del transporte de mercancías para exportación y las importadas. También las cuarentenas terrestres redujeron significativamente el flujo de pasajeros”, puntualizó.

Detallan efectos de la revolución haitiana en Santo Domingo : El historiador Murgueitio Manrique expuso sobre el tema ante la Academia Dominicana de la Historia.

Fuente: Hoy Digital
Fecha: 22 de Marzo de 2019.

Carlos Alberto Murgueitio Manrique hizo profundos enfoques acerca de los entretelones de la revolución haitiana y de los efectos que produjo en el Santo Domingo español, que entonces se encontraba prácticamente deshabitado, con su población muy esparcida en un territorio accidentado, vasto y fértil y con mayor acceso al agua que el lado francés.

El historiador e investigador dictó una conferencia sobre “Santo Domingo ante la guerra civil de Saint Domingue, L’ affaire Ogé, 1789-1792”, en una actividad organizada por la Academia Dominicana de la Historia.

“Con alrededor de 53,000 kilómetros cuadrados, según los límites fijados por el Tratado de San Ildefonso de 1777, el Santo Domingo español quedó delimitado de la colonia francesa de Saint Domingue, por una extensa frontera irregular de unos 350 kilómetros, que atravesaba la isla de norte a sur, desde la desembocadura del río Masacre en la bahía de Manzanillo, hasta el delta del río Pedernales, cerca de Cabo Rojo”, dijo.

Explicó que el Santo Domingo español solo albergaba unos 12,000 esclavos, un 10% de la población total, de los cuales solo 2,000 estaban dedicados a las labores agrícolas, mientras que la inmensa mayoría estaba ocupada en el servicio doméstico urbano o a las tareas cotidianas de las haciendas.

“La cifra total de los esclavos españoles era penosa si se comparaba a la de la parte francesa o Saint Domingue, la cual contaba con unos 480,000”, enfatizó.

Dijo que pese a las pugnas y hostilidades ocasionales que se presentaron entre los vecinos españoles y franceses en la amplia frontera, antes del estallido de la revolución haitiana, las colonias se habían ajustado la una a la otra.

Murgueitio Manrique, profesor de la Universidad del Valle, Santiago de Cali, Colombia, indicó que la relación simbiótica que unía a las dos colonias estaba basada en la complementariedad económica y en la relación de confianza impuesta por los vínculos consanguíneos entre los reyes y los tratados existentes.

No obstante, aseguró que el estallido de la Revolución Francesa y de la guerra civil en Saint Domingue arrojaron sus efectos sobre el lado español.

“Desde septiembre y octubre de 1789, el comercio sufrió un golpe abrupto y las relaciones cordiales variaron, imponiéndose la desconfianza y la sospecha. Las autoridades hispanas o dominicanas resolvieron mantener una estricta neutralidad, siguiendo las recomendaciones del Consejo de Madrid, encabezado por el ministro conde de Floridablanca”, enfatizó.

“El gobernador, Joaquín García y Moreno, el arzobispo, Fernando Portillo y Torres, y los magistrados de la Real Audiencia mantuvieron absoluta prudencia y no se mezclaron en la querella, que fue considerada como doméstica o “un asunto entre franceses”, negándose incluso a responder a las solicitudes de auxilio y socorro que les hacían sus homólogos del otro lado de la frontera, afirmó.

Dijo que la llegada VincentOgé, diputado de la Asamblea Nacional de París, y de otros mulatos provenientes de Francia a CapFrançais, al norte de Saint Domingue, el 23 de octubre de 1790, provocó una crisis sin precedentes entre las partes que compartían la isla.

Expresó que en medio de la guerra a muerte que se libraba en la parte francesa, entre los mulatos y las Asambleas Provinciales de CapFrançais y Port au Prince, y la Colonial de Saint Marc, dominadas por el partido “patriota” blanquista, abiertamente separatista y segregacionista, y por lo tanto contrario a las leyes de igualdad entre los propietarios de todos los colores, VincentOgé y su séquito más cercano cruzaron la frontera buscando someterse al derecho de asilo que ofrecía la ley española.

“Sin embargo, los comandantes hispanos del área de la frontera capturaron a los rebeldes y los remitieron a la ciudad de Santo Domingo, donde fueron hechos prisioneros y luego entrevistados por los magistrados de la Real Audiencia, el gobernador y el arzobispo”, agregó.

Explicó que los españoles, en vez de otorgarles el asilo al que tenían derecho y prefirieron negarlos y que a finales de diciembre de 1790 los extraditaron a CapFrançais, y que a pesar del compromiso al que habían llegado los franceses, de respetarles la vida a los reos, estos los condenaron a muerte y los torturaron y ejecutaron públicamente el 25 de febrero de 1791.

Sostuvo que al entregar a VincentOgé y sus cómplices, los españoles se ganaron la desconfianza de los mulatos y libertos franceses, que los desecharon como aliados.

Consuelo Naranjo resalta la grandeza de Pedro Henríquez Ureña : se refirió al gran humanista al ingresar a la Academia Dominicana de la Historia.

Fuente : Periódico Diario Libre.
Fecha: 15 de Marzo de 2019.

La investigadora española Consuelo Naranjo Orovio resaltó la grandeza del humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña al pronunciar su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Historia como miembro correspondiente extranjero.

Al inicio de su disertación, la profesora de investigación del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con sede en España, agradeció la acogida que le han dado los miembros de la Academia Dominicana de la Historia, de manera especial su presidenta Mu-Kien Adriana Sang Ben, Manuel García Arévalo, Frank Moya Pons, José Chez Checo y José del Castillo, que avalaron su candidatura.

En su exposición sobre “Hispanoamericanismo en ambas orillas: recurrido con Pedro Henríquez Ureña”, expresó que la vida del humanista dominicano es un ejemplo del peregrinar de muchos intelectuales coetáneos por diferentes países de habla hispana, entre los que está incluida España.

“Ellos crearon un circuito de cultura participando en ambientes similares, propiciando encuentros en los que la educación, la literatura y la reflexión sobre el ser de América y de España constituían los focos de atención, y animando nuevas instituciones nacidas al calor de estos ideales”, dijo.

Consuelo Naranjo mientras exponía en el Archivo General de la Nación.
Consuelo Naranjo mientras exponía en el Archivo General de la Nación. ( )

Agregó que por ello es preciso poner la mirada en ambos lados para comprender que la presencia de americanos en España y de españoles en América no fue una casualidad ni ocurrió al azar, y que esto se debió una coincidencia de intereses y a una conciencia por parte de los más jóvenes de la necesidad de revitalizar la educación de sus países y contemplar el futuro de manera diferente.

“En España nacía en 1907 la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (conocida como JAE o Junta), un organismo cuyo principal objetivo fue la regeneración intelectual y científica de un país adormecido que quería salir del aislamiento y del letargo. Con el punto de mira, principalmente, en los países europeos que en ese momento lideraban la ciencia, la JAE desarrolló un vasto proyecto educativo y divulgativo”, enfatizó.

Dijo que Pedro Henríquez Ureña, como muchos intelectuales latinoamericanos, Alfonso Reyes, Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Fernando Ortiz, José María Chacón y Calvo, entre otros, abogaron por el diálogo con las distintas tradiciones que formaban parte del acervo cultural, una idea que se fue afianzado a lo largo de su vida, y desde la cual construyeron sólidas plataformas de acercamiento.

Recordó que en el 1914 Henríquez Ureña apuntaba la necesidad y la riqueza que suponía mantener y combinar las diferencias culturales de cada pueblo.

Citando al intelectual, dijo: “El ideal de la civilización no es la unificación completa de todos los hombres y todos los países, sino la conservación completa de todas las diferencias dentro de una armonía”.

Afirmó que, en la defensa de la comunidad hispánica, Henríquez Ureña resaltó la importancia de la cultura como uno de los elementos principales que harían de la América hispánica una comunidad con identidad propia y con fuerza, capaz de conversar tanto con España como con Estados Unidos.

Reina Rosario propone se hagan estudios de historia de las mujeres

Fuente: Periódico Acento
Fecha: 10 de Marzo de 2019

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La doctora Reina Rosario exaltó la contribución a la historiografía nacional de la escritora Abigail Mejía, al ingresar como miembro nacional correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia.

La investigadora, catedrática del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) y de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde funge como directora del Instituto de Historia y de la revista “Ecos”, pronunció el discurso “Aportes de Abigaíl Mejía a la historiografía dominicana: una feminista volando alto con las alas de Clío”, durante un acto efectuado en el Archivo General de la Nación, donde fue recibida por la directiva de la Academia, encabezada por la doctora Mu Kien Sang Ben.

La disertante explicó que sobre esta mujer ilustrada deseaba resaltar la faceta de historiadora curtida en el oficio, de la cual se sabe muy poco en el medio dominicano.

“Todos conocen a Abigaíl Mejía como escritora, como sufragista y como pionera del feminismo dominicano. Su incursión en el estudio y divulgación de la historia es casi desconocida a pesar de que sus escritos en esa área del conocimiento obtuvieron premios y reconocimientos tras haber competido con avezados tratadistas del género”, expresó.

Recordó que, en 1932, cuando los miembros de la Academia Dominicana de la Historia decidieron celebrar el centenario del nacimiento del padre Meriño no se imaginaron que estaban allanando las condiciones para que una mujer dominicana (Abigaíl Mejía) de temperamento decidido y formación sólida entrara por la puerta ancha al templo donde se adora a la diosa Clío, pues ganó el primer premio con una biografía sobre el prelado.

“Tres años más tarde, en 1936, el Ateneo Dominicano organizó otro concurso de historia, esta vez sobre el centenario del natalicio de Máximo Gómez. De nuevo la misma mujer fue premiada con una Mención Honorífica. La hazaña fue de Abigaíl Mejía”, añadió.

Expresó que las dos obras premiadas de historia de Abigail Mejía no fueron casuales.

“Fueron el resultado de que, para este momento de su vida, ya Abigaíl Mejía se había convertido en una sólida historiadora. Su atracción por Clío y con ello por el pasado, como memoria social de la humanidad, la podemos rastrear en sus escritos a partir de 1918”.

Dijo que en seis artículos agrupado en sus obras escogidas, bajo el título de “Mi tierra”, se muestra ya el sólido dominio de la autora de la  historia universal y de la historia patria, y que además de su patriotismo, ella hizo  “gala de verdaderos análisis históricos”.

En cuanto a la “Biografía del padre Meriño”, Rosario expresó que “está escrita con elegancia de forma, profundidad en los planteamientos y amenidad  en la exposición de contenido y que resulta  didáctica en su estructura.

“Al leerla resalta esa maestría que solo está presente en los grandes biógrafos, porque se ha estudiado tanto al biografiado que se logra entrar en la psique y mostrar sus intenciones y psicología”, puntualizó.

 

 

 

X